Todos en algún momento de nuestras vidas buscamos conocernos, mirar adentro, y descubrir la verdad que nos habita.
Como escorpio que soy siempre sentí curiosidad por lo místico y desde muy pequeña empecé a leer libros sobre crecimiento personal, sin aún conocer este término pues antes se utilizaba más la palabra “autoayuda”. Mi interés por estos temas ha ido yendo y viniendo a lo largo de mi vida y con la maternidad he descubierto que no hay mayor descubrimiento de uno mismo que aquel que encuentras en la crianza.
La crianza te hace abrir esa mochila que hace mucho tiempo cerraste, guardando todos aquellos sentimientos y emociones que no querías en tu vida, o que percibías dañinos y por eso te negaste a experimentarlos, hasta atravesarlos y descubrir que eso mismo es lo que permite que te conozcas.
Los niños son pequeños maestros de vida, y gracias a toda la información científica que tenemos disponible a día de hoy podemos elegir la mejor forma de acompañarlos en sus etapas de crecimiento tanto físico, emocional, mental, como espiritual. Pero cabe decir que la teoría solo es orientativa y que, hasta que no te ves en el “meollo de la cuestión”, no sabes ni cómo la aplicarás, ni si serás capaz de hacerlo, todo es una incógnita en esos momentos en que tus hijos te sacan del guion.
Soy mamá de dos niñas mellizas y para mí la etapa más difícil está siendo la de las “temidas rabietas”. Si tienes hijos mayores sé que me vas a decir: “pues ya verás cuando lleguen a la adolescencia…”. Cierto, dicen que la etapa de los 3 años se asemeja mucho a la etapa de la adolescencia…No quiero ni pensar la que me espera (y aquí me tapo los ojos con las manos y digo no con la cabeza, jeje).
Estamos tan influenciados por las creencias y los estereotipos que no nos permitimos fluir en el momento, sin pensar en el qué dirán, ¿pensarán que soy una mala madre?
Durante el embarazo leí varios libros sobre crianza, sobre lactancia materna, sobre crianza gemelar, sobre crianza en general, pero sobre rabietas no me informé demasiado la verdad, mis hijas empezaron a tenerlas sobre los 18 meses y entorno a los 3 años y medio, estas empezaron a ser más intensas, coincidieron con el destete, aunque este proceso fue bastante más sencillo de lo que en un principio pensé que sería.
Una de ellas empezó a tenerlas con una intensidad para mí descomunal y pensando en qué las podrían estar provocando llegué a la conclusión de que era una mezcla de sueño y hambre, pues la mayoría de las veces la más fuerte la tenía a la salida del cole. Empezaba por cosas como: “no quiero cruzar el paso de peatones cogida de tu mano, quiero ir yo sola” y terminábamos como “el rosario de la aurora” que diría mi madre. Y cuando conseguíamos llegar a casa la historia continuaba…un día llegué a cronometrar una hora y cuarto de rabieta, no sé si esto se puede considerar un “record Guiness” o, por el contrario, como algo normal.
Mi hija escupía al suelo, gritaba, me llegó a morder en alguna ocasión, decía que se hacía pis… iba corriendo con ella al baño y no quería hacer pis, decía que se hacía caca, lo mismo, y yo no hacía otra cosa que ir detrás de ella para ver qué me pedía que hiciera, porque pensaba que eso la haría callar. Pero lejos de calmarse, seguía muy alterada. Y así un día tras otro, con una rabieta grande y muchas pequeñas durante cada día. Yo empecé a leer toda aquella información que me pudiese ayudar y a escuchar a otros padres del cole y a la profe de las niñas, para ver si podía conseguir ayudarlas. La profe fue clave para mí, junto con todo lo que aprendí de la disciplina positiva y de mi autoconocimiento. Porque al principio lo único que me salía era gritarle, enfadarme y reaccionar, y todo se convertía en un círculo vicioso que nos llevaba a más enfados y a que estos durasen mucho más. Y después venía la culpa, la impotencia y la sensación de no saber qué hacer y de que todo lo estaba haciendo mal, porque no era capaz de ayudar a mi hija. Hasta que pude comprender que mi reacción era la misma que yo había vivido cuando era pequeña, y que no era otra cosa que lo que había aprendido del ambiente donde me crie, no pude ir vaciando toda esa culpa de mi mochila y transformarla en compasión porque mis padres no tenían las herramientas que yo ahora tengo, y no pudieron hacerlo mejor. Yo he tenido que comprender esto para poder cambiar ese aspecto.
Así que con todo lo que leí, con las recomendaciones de la profe empecé a poner en práctica los límites y la “eterna paciencia” que conlleva esto de las rabietas. Cuando mi hija entraba en ira yo tenía que ser su espejo y transmitirle calma a pesar de lo que hiciera, si hacía algo que yo consideraba peligroso para ella o para mi o para el entorno entonces contenerla, si no, acompañarla en su lloro y su enfado, pero repitiéndole los límites con firmeza hasta que pudiera calmarse. Algunos días funcionaba, otros menos, pero como todo en la vida lleva un camino. Y a día de hoy casi con 4 años ya puedo decir que sus enfados duran 10 minutos y no más de media hora o hasta una incluso.
Cuento mi experiencia por si te puede ayudar, no a todos nos sirven las mismas herramientas en la crianza y pienso que es muy importante buscar ayuda y estar informado. Es duro decir que lo que más dolor me causaba en toda esta situación no era la rabieta en sí, ni todo el tiempo que veía llorar a mi hija sintiéndome impotente al no poder hacer nada, ni el cansancio físico las veces que la tenía que contener, sino el miedo a sentirme juzgada, a que las personas que me viesen por la calle, los vecinos, mi familia, pudiesen pensar que lo estaba haciendo mal como madre, que era demasiado permisiva o por el contrario muy agresiva. He tenido que escuchar frases como: “¿la niña no necesitará un psicólogo?” o “conozco un centro de cuidados infantiles donde a lo mejor te pueden ayudar”, dicho por una vecina que vino a casa porque los gritos de la niña no la dejaban dormir de día. Otra piedra para descargar de esa mochila de la que hablábamos….Gracias al apoyo de muchas personas que me conocen y a otras que sin conocerme me han escuchado o dado consejo he conseguido transformar ese miedo en amor y vivir esta etapa poco a poco con más tranquilidad.
Algo que leí en un blog de educación y que me resonó bastante, fue que es importante no juzgar a los demás, pues quien sabe qué harías tu en la situación vivida por el otro. Y con esta reflexión me despido, me gustaría saber cómo afrontas, o has afrontado esta etapa tan bonita y complicada a la vez en la crianza.
Un abrazo
A continuación, te dejo algunos de los libros que me han ayudado en esta etapa y para mí han sido imprescindibles.
Referencias:
Ole!! esta noche leo tu primera entrada, que eres la chica más especial del mundo mundial